Valparaiso, Chile

El colorido de sus cerros, sus murales y graffitis, sus famosos ascensores funiculares, su puerto y sus pescadores, sus artistas, sus héroes y su historia hacen de Valparaíso lo que es, una ciudad única.

 

Hacia arriba…

Las callecitas de Valparaíso tienen ese no sé qué…tan solo hay que caminarlas, perderse en ellas y volver a descubrirlas…

Una buena opción si se quiere saber de su historia, más allá de dejarnos llevar por las sensaciones que nos despiertan al primer encuentro los sentidos, es hacer un recorrido guiado. 

Propina de por medio, Free Tour y Tours 4 Tips nos brindan esta posibilidad.  Producto del azar o no, hice parte de mi recorrido por Valparaíso con la primera y otro tanto en Viña con la segunda. 

Ascensor funicular Reina Victoria

Desde Plaza Aníbal Pinto (todos los días a partir de las 10 y las 15 hs en el caso de Free Tour y a la misma hora,
pero desde Plaza Sotomayor, Tours 4 Tips) comenzó nuestra visita a esta ciudad de 300 mil habitantes y 400 mts² cuyo centro histórico fue declarado  “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO en el 2003 al
considerarlo “un ejemplo notable del desarrollo urbano y arquitectónico de América Latina a finales del siglo XIX. Enmarcada en un sitio natural en forma de anfiteatro, caracteriza (do) por un tejido urbanístico tradicional especialmente adaptado a las colinas circundantes, que contrasta con el trazado geométrico utilizado en terreno llano (…) conserva(n)do interesantes estructuras de los inicios de la era industrial, por ejemplo los múltiples funiculares que recorren las escarpadas laderas de las colinas.” Precisamente los ascensores o funiculares son una de las particularidades que hacen del encanto y unicidad de la ciudad aunque actualmente están funcionando unos pocos  de los 30 que supieron estar operativos en algún momento, entre ellos: Concepción  (el primero en ser inaugurado, data de 1883 y estará en reparación durante todo el 2017); Artillería (junto con el Concepción son privados y cuestan 300 pesos chilenos el viaje);  Cordillera; San Agustín, El Peral, Reina Victoria; Polanco y Barón (todos municipales, a 100 pesos c/u) que son parte de los 16 ascensores que fueron declarados  Monumentos Históricos.    

Plaza El Descanso

Nuestro primer punto es  Plaza El Descanso, cuyo nombre responde a la parada que realizaban los cortejos fúnebres camino al cementerio.  Hoy también conocida como “Plaza del Amor,” decenas de corazones  que reposan sobre mosaicos la embellecen gracias al trabajo de  alumnos, de entre 5 y 12 años, pertenecientes a la escuela Básica República Argentina, ubicada al costado de la plaza.

 

Siguiendo el recorrido imaginario de aquellos que iban a despedir a sus seres queridos pasamos cerro Panteón, antes conocido como Cementerio, justamente por los 3 cementerios que se encuentran dentro del mismo: el Cementerio Nr 1, creado en 1825, ya que antes según costumbres coloniales las familias pudientes enterraban a sus muertos en zanjas al costado de los conventos e iglesias, mientras que los menos agraciados, materialmente hablando, quedaban sujetos a la buenas de Dios. Suerte similar corrían aquellos que no profesaban la religión católica, extranjeros y protestantes, quienes eran enterrados en los acantilados del cerro Playa Ancha o en el fuerte del cerro Cordillera, hasta que se creó aquí el Cementerio de los Disidentes. El restante, un poco más al sur, el Cementerio Nro 2, nace en 1845 con la finalidad de ampliar el Nro 1, que al poco tiempo ya les estaba quedando chico. Ambos, el  1 y el 2, son también hoy Monumentos Históricos de Chile.

Graffiti. Parque Cultural de Valparaíso

Desde allí se pueden observar los paredones de la ex cárcel, que funcionó hasta 1999 y donde  ahora está el Parque Cultural de Valparaíso, dentro de lo que es el cerro Cárcel. El actual recinto cultural, inaugurado hace poco, en el 2012, cuenta -en un espacio de 2, 5 hectáreas y 10 mil mts² construidos- con 2 edificios: uno, dentro de la antigua galería de reos, en el que se practican música, danzas, teatro, pintura, escultura y artes circenses y otro, donde se llevan a cabo obras de teatro, muestras de artes visuales y exposiciones. En el parque, además de contar con una terraza-mirador, se encuentra un antiquísimo polvorín que data de principios del siglo XIX.     

A un par de cuadras del mismo, se ubica la Plaza Bismark, restaurada en el 2012, con un gran mirador a la bahía de Valparaíso y el también el Teatro Museo del Títere y el Payaso.

Mural Plazoleta Lucas en Pasaje Mirador Dimalow

Volviendo al centro, por las calles Atahualpa y la Av. Elías, ascendemos al colorido cerro Alegre a través del funicular Reina Victoria. Éste -un reconocimiento de los colonos ingleses de Valparaiso para la reina, quien falleció en 1901, un año antes de ser inaugurado- nos depositará en el Pasaje Mirador Dimalow. Allí, frente al hotel boutique Casa Vander y con una de las mejores vistas del cerro, nos deslizamos por un tobogán (resbalín en Chile) hasta la Plazoleta Lukas, donde se puede observar un homenaje a la obra de este caricaturista local con murales inspirados en su “Bestiario del Reyno de Chile” y todo un legado del lenguaje popular chileno -como nos describirá luego nuestro guía de turno, Sebastián-  con personajes como zorrón, perrín, gallo choro, gallo sapo, gallo hocicón, pajarón, pulpo, patudo o los cabros. (¡Para conocer su significado visitá nuestro diccionario local de Chile)   

Restaurantes, bares, tiendas, hostales y cafés se mezclan con los murales y las casonas de antaño, con ese estilo victoriano que trajeron los inmigrantes ingleses allá por el siglo XIX, en este cerro que hace honor a su nombre  y que se conecta como de la mano, cruzando la calle Almirante Montt, con el otro más popular de la ciudad: Concepción.

Iglesia de San Pablo

A unos pocos metros se destaca la iglesia anglicana de San Pablo (o Saint Paul) erigida por la importante  comunidad inglesa que habitó el cerro en 1858, caracterizada por su discreción, la ausencia  de torre y una pequeña entrada lateral, producto de la presión que ejercían los grupos católicos en rechazo de todo aquello que iba en contra de sus creencias e intereses.  La misma, sin embargo, actualmente es monumento histórico, siendo la iglesia británica más antigua de América del sur, y desde marzo del año pasado (2016), Catedral.  A solo un par de cuadras, los alemanes no quisieron ser menos y construyeron para 1897 su iglesia luterana de La Santa Cruz.

Jardín Tata Beethoven.

En la calle Beethoven, Salvador Abarca, un vecino que dedicó gran parte de su vida a la reparación de ascensores, ya jubilado se encargó de “hermosearla” como dirían los chilenos y con un mural de piedras y objetos varios, situados al costado de la escalera de piano y a los pies de la iglesia alemana, apuntada por un candelabro judío y un mensaje que reza:“Haz el bien en toda su dimensión, pues así tendremos la verdadera paz”nació el “Jardín Tata Beethoven.”  

Los miradores paseos Atkinson, Yugoslavo (al que también se puede acceder por el ascensor El Peral)  y Gervasoni -este último con el Museo de Lukas y la obra del antes mencionado artista grafico Renzo Pecchenino, quien participó del Mercurio de Valparaíso y del de Santiago donde nació su personaje más popular: “Don Memorario” con entrada gratuita de martes de domingo de 11 a 18 hs- (ascensor Concepción)- son paradas obligadas que todo turista debe realizar en el recorrido por el cerro. 

Mural de Inti Castro. Viste desde Pasaje Mirador Dimalow.

Párrafo aparte merecen la innumerable cantidad de murales y graffitis que hacen de los cerros y la ciudad aún más pintoresca. Callejones, escaleras, casas, puertas y ventanas no escapan a esta particular forma de expresión cultural y estética que hoy ya es parte de la identidad de Valpo.  Desde la naciente iniciativa del Museo a Cielo Abierto en 1992 que se puede visitar en el cerro Bellavista hasta los mega-murales, entre los que se destaca la obra de Inti Castro, hijo prodigo de la ciudad que hoy goza de reconocimiento internacional con trabajos en los lugares más diversos, como La Mancha, Ibiza, Honolulu, Cali, Montreal, Oslo, Beirut o Paris. 

Museo a Cielo Abierto

Valpo Street Art también ofrece un recorrido a cambio de propina, el GraFFREEti, sábado y domingos a las 15.30 hs, con la particularidad de ser realizado por entendidos en la materia que te cuentan sobre los diferentes artistas, sus técnicas y estilo, alrededor de un circuito que sale de lo convencional y que incluye más de 200 obras. 

Si se decide visitar el Museo a Cielo Abierto del cerro Bellavista, en la parte central de los cerros, subiendo por la calle Ferrari y llegando al cerro Florida se puede acceder (aunque sea para verla de afuera, ya que si se decide ingresar su costo es de 7000 mil pesos chilenos) a la que fuera una de las 3 casas de Pablo Neruda: la hoy Casa Museo La Sebastiana

Escalera intervenida

Siento el cansancio de Santiago. Quiero hallar en Valparaíso una casita para vivir y escribir tranquilo. Tiene que poseer algunas condiciones. No puede estar ni muy arriba ni muy abajo. Debe ser solitaria, pero no en exceso. Vecinos, ojala invisibles. No deben verse ni escucharse. Original, pero no incómoda. Muy alada, pero firme. Ni muy grande ni muy chica. Lejos de todo pero cerca de la movilización. Independiente, pero con comercio cerca. Además tiene que ser muy barata ¿Crees que podré encontrar una casa así en Valparaíso?” fue el pedido del poeta, antes de hacerse con el caserón al que denominaría La Sebastiana en honor a su primer propietario y constructor. Las otras 2 propiedades del Premio Nobel de Literatura chileno se encuentran en Isla Negra, en San Antonio, Valparaíso y la restante en Santiago: La Chascona

Un bonux track que podríamos agregar al recorrido por los principales cerros, de los 40 y pico que tiene la ciudad, es el cerro Artillería, yendo hacia el oeste, al que podemos ascender por un funicular multicolor, el más panorámico de todos, para dar con el Paseo 21 de Mayo, donde podremos encontrar variedad de artesanías y también  con el Museo Naval y Marítimo, que data de 1915. 

 

 

Hacia abajo…

Monumento a los Héroes de Iquique

Viniendo del sur, de los cerros, y bajando una pequeña explanada -Plaza de la Justicia- donde se emplaza el Palacio de los Tribunales de Valparaiso  costeamos la Comandancia en Jefe de la Armada. La misma funcionó en el pasado como lugar de encuentro para la aristocracia porteña, desde su inauguración en 1910, donde se realizaban fiestas para celebrar  acontecimientos históricos e incluso bailes de mascaras en su salón de invierno y luego como casa de veraneo de varios presidentes de la República, entre ellos Salvador Allende, hasta el Golpe de Estado de 1973 pasando a pertenecer a la Armada.  Hoy es Monumento Histórico.

Entrando a la tradicional Plaza Sotomayor, espacio abierto donde se realizan diferentes exposiciones y fiestas masivas, en el centro de la misma se erige el Monumento a los Héroes de Iquique en memoria al capitán Arturo Pratt y a los tripulantes del buque Esmeralda en su gesta en el enfrentamiento con Perú en la Guerra del Pacifico el 21 de mayo de 1879. 

Coche de bomberos

Camino al muelle, pasamos el Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, creado en 1851, el más antiguo de Chile, con clásicos carros autobomba. Puestos ambulantes, artistas callejeros, turistas y lancheros (que ofrecen paseos en lancha alrededor de la bahía de entre 3mil y 6 mil pesos) son parte del marco que muestra hoy el Muelle Pratt: punto de partida y llegada, fundado durante el siglo XVIII, que guarda gran parte de la historia de los porteños.    

Muelle Pratt

Otro lugar histórico al que podemos acceder, camino a la Avenida Altamirano, es Caleta El Membrillo, nombre que surge de las plantaciones de membrillos que se veían sobre los cerros y servían de referencia para las embarcaciones.  Hasta allí llegaron, a fines del Siglo XIX, los changos, extinto pueblo prehispánico que habitaba las costas de Tarapacá y Antofagasta, que navegaban kilómetros en barcazas hechas con cueros de lobo marino inflado para pescar en las costas de Valparaíso.  

Caleta El Membrillo

Mientras la marejada empapa una y otra vez a un desprevenido turista, Hugo Meléndez,  actual consultor en Caleta El Membrillo nos cuenta sobre el trabajo de recuperación del patrimonio que se está realizando en el lugar para rescatar la identidad de los pescadores artesanales.  Estos “últimos cazadores de la era moderna” como los bautizará Hugo salen a hacer su trabajo -nunca mejor dicho- contra viento y marea y frente a la pesca industrial que fue mermando la abundancia de la zona. Con la merluza en vías a desaparecer, su pesca se centra en la jibia, molusco de unos 30 cm de largo, y del calamar gigante o de Humboldt, en menor medida, siendo esta ultima una actividad  muy dura ya que “el mismo se encuentra a unos 100 mts de profundidad, pesa como 10 kg y todo se hace a mano, se lo pesca con un bastón que tiene 4 púas de acero inoxidable, con una luz y sin carnada.. A esto se suman otras complicaciones como los lobos marinos que rompen las redes y se comen la pesca y los mencionadas embarcaciones industriales que tienen una capacidad de captura de entre 300 y 500 toneladas contra 3 (3mil kg) de una artesanal..”  

Pero todo sacrificio tiene su recompensa, todos los  17 de septiembre desde hace 30 años se lleva a cabo la tradicional Fogata el Pescador, en la que se realizan shows artísticos y donde se puede degustar un plato típico: merluza frita con pan y vino a la módica suma de 2mil pesos chilenos, nos adelanta Hugo quien recuerda: “antes se quemaban una o dos embarcaciones de madera, ahora como tienen otro material se hace con troncos y la fogata dura toda la noche.”  

San Pedro, Patrono de los pescadores

El Membrillo, una de las de alrededor de 440 caletas establecidas en Chile, cuenta con un  restaurante con una espectacular vista al mar y una costanera peatonal por la que se llega a la playa Las Torpederas, que se encuentra en la base del cerro Playa Ancha, el más grande de Valparaíso que alberga al 30 % de la población de la ciudad y donde se encuentra la Escuela Naval y el Estadio Elías Figueroa Brander, donde juega de local el “decano del futbol chileno”, Santiago Wanderers, fundado en 1852, siendo no solo el de más antigüedad vigente en Chile, sino uno de los más antiguos del continente.

También resguardando esta caleta y a sus pescadores se encuentra la figura de San Pedro, patrono de los mismos, a quien se le pide protección y abundancia y que tiene su celebración con la Fiesta de San Pedro, que se realiza los 29 de junio o los días más cercanos, en la que se lo venera con una procesión de embarcaciones, todas cubiertas por guirnaldas y flores, que navegan entre las caletas el Membrillo y Portales, portando la imagen del santo. 

Así finaliza nuestro recorrido por las calles de Valparaíso, con las retinas llenas de imágenes y recuerdos y los pulmones cargados de aire de mar y bohemia. Prontos a volver, con ganas de seguir redescubriendo los secretos de su magia. 

 

Murales y graffitis

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Licenciado en comunicación social; creador, editor y redactor de la revista de cultura joven Yo soy la Morsa.
Viajero tipo: Valijero.

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